Ser padre/madre-entrenador produce varios riesgos:
1º Que el niño o niña tenga dos entrenadores y ningún padre: El niño/a necesita alguien que le escuche y le apoye le hayan salido bien o mal las competiciones. El niño/a con un padre-entrenador, sentirá (por mucho que el padre intente disimular) que su padre quiere mas, que no esta conforme con el resultado. Esta demanda continua provocará una insatisfacción en el niño/a que ira generando miedo a la competición. ¡!Es solo cuestión de tiempo!!.
2º Dilema entre los consejos del padre-entrenador y el entrenador. No de consejos técnicos a su hijo/a tenga o no conocimiento sobre la técnica, ya que, existen muchas formas de aprender y un proceso de aprendizaje que dependerá de las capacidades y habilidades evolutivas de cada niño/a y esto lo sabe el entrenador. La niña o niño deberá decidir si seguir los consejos del padre y dejar de confiar en el entrenador (muy mala cosa) o al contrario seguir los del entrenador y dejar de confiar en el padre-entrenador (un desastre). ¡!!Menudo dilema!!!!.
3º Una sobrepresión produce un nivel de exigencia en el entrenamiento muy alto pero nivel técnico bajo. Los hijos/hijas de padre/madre-entrenador suelen ser niños/as con un nivel de exigencia en el entrenamiento muy alto y con un esfuerzo máximo, sin embargo con un nivel técnico bajo. Esto es debido a la falta de concentración provocada en el niño/a al saber que esta siendo observado, vigilado y evaluado constantemente por la persona a la que mas quiere, y además por su entrenador o entrenadora. Esto genera un estrés que día tras día va creciendo y cuando el niño/a gana independencia respecto a los padres (11-12 años) descubre que nunca ha jugado porque disfrutara sino por hacer disfrutar a sus padres.
Cuando los profesionales nos encontramos ante una niño(a con padres ejerciendo el papel de entrenador bajamos mucho el nivel de exigencia de ese niño/a y pasamos a trabajar su confianza ya que, si sumamos la presión del entrenador con la del padre-entrenador se producirá una acumulación de estrés que conllevará a que el niño/a pierda el interés por su entrenamientos (no preste atención al entrenador, juegue o se distraiga durante el entrenamiento, etc.) y/o abandone su formación en la escuela deportiva.
El padre-entrenador también percibe este cambio y ante la inseguridad de su hijo/a y los malos resultados aumenta su vigilancia y evaluación creyendo que hemos bajado la intensidad del entrenamiento de la niña/o por algún extraño motivo. es fácil imaginar donde puede llevar esta situación. El padre-entrenador siempre tiene la sensación de que su hijo/a no se le tiene en cuenta o que se le trata diferente que a los demás. Algunos niños cuando son demasiado presionados responden con excusas de todo tipo a la hora de entrenar o con un mal comportamiento.

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